viernes, junio 27, 2008

A por ellos
















Adiós, Hercegovina. ¡Hola, Sant Gervasi! Con el verano llega el año nuevo según el calendario hercegovino, y ya se sabe que "año nuevo, vida nueva". Muchos acontecimientos en las últimas semanas: cambio de casa, abandono del hogar hercegovino, la nit de Sant Joan, el nacimiento de Mireia -la primogénita de Axel y Eli- y la emocionante carrera futbolística de la selección española. Son cosas heterogéneas y distintas, sí, pero todas excitantes e importantes a su modo.

Después de tres años y medio en Hercegovina, el último habitante de la casa original la abandona. El único superviviente de la terna -como "El Soro" en aquel cartel de Pozoblanco, donde Paquirri y el Yiyo-, abandona el barco. Han sido tres años intensos, de muchas risas y muy buen ambiente entre los habitantes que han pasado por la casa. Un poco menos en la última etapa, con el Salmón noruego, pero en el fondo ha salido buen chico, no nos podemos quejar. El legado que dejan Los Tres Hercegovinos en la casa pervivirá durante generaciones. La gente del barrio nos recordará: Depardieu, Mercedes, el barbero, los viejecitos del colmado, las vecinas de abajo, la Antonia, y cómo no, el Gran Judío: Seuma -que todavía tiene que devolverme la fianza-.

Cambiamos de tercio y nos vamos la señorita Dolly y yo a un bonito ático que a su vez heredamos de la parejita Audrey & Adam, ahora emigrantes a Mataró. Todo queda en casa. La mudanza está siendo muy divertida, por cierto, así como los flujos financieros de fianzas, etc. El bonito mundo del alquiler, en definitiva.

Los otros grandes personajes que están de cambios son Axel y Eli, quienes el pasado miércoles recibieron la llegada de Mireia, una niña con el gen Monforte debajo del brazo y un montón de pelo negro ensortijado. Muy bonita. Enhorabuena y a disfrutarla.

Y por último, vivimos entre optimistas e incrédulos el gran momento de España en la Eurocopa. Por primera vez desde hace tiempo, parece que todo el país está unido bajo los colores de "la roja", y eso es emocionante, aunque sea sobre un tema tan peregrino como el fútbol. Lo cierto es que el fútbol une a las personas (a las del mismo equipo por lo menos), y como dicen los sociólogos modernos, "es el espectáculo de la globalización". El fútbol consigue lo que ni la política, ni la ciencia, ni el arte pueden siquiera imaginar. Ayer en el bar donde estábamos viendo el partido, alguien dijo "ya no hay crisis, se acabó la crisis". Y es que el fútbol no solamente hace olvidar los problemas o la rutina, sino que es un fenómeno ancestral.

En fin, no sabemos lo que pasará a partir del domingo en Viena, en Barcelona, en Madrid o en Madagascar. Pero este es el punto final de este blog que durante un par de años ha estado activo. Una nueva etapa requiere nuevas ideas, y la de este blog ya se ha agotado. "Adiós, amigos". Como dijo Schwarzenegger: "volveré".

Buenas noches, y buena suerte.

FIN.

miércoles, junio 04, 2008

Rock in Shame


Diario Público: "Amy Winehouse ofreció un penoso espectáculo el pasado fin de semana en el festival Rock in Rio de Lisboa. Cuarenta minutos después de lo anunciado, la cantante se subió al escenario afónica y en aparente estado de embriaguez. Estaba previsto que tocara noventa minutos, pero finalmente duró poco más de cincuenta. El próximo 4 de julio actuará en el Rock in Rio Madrid. El festival ha pagado por ella, según se publicó en un periódico nacional, más de 550.000 euros. Visto lo visto, ¿lo vale? Las entradas cuestan 69 euros. ¿Lo vale? (...) El rock is different. Su intrínseca primariedad posibilita un libre albedrío difícil de asumir en otros géneros musicales, por no hablar de otras artes. La falta de profesionalidad se pasa por alto. Muchos artistas han actuado borrachos o bajo el efecto de las drogas y han dado conciertos espléndidos. Pero, ¿qué pasa cuando el recital es un desastre? En el 99% de los casos, nada. Pero, ¿no tendrían derecho las 90.000 personas que vieron a Amy Winehouse en Lisboa a pedir una compensación por su lamentable espectáculo? Imaginen que van a un concierto de música clásica y la orquesta está cocida. ¿No se reembolsaría el dinero al público?"

En mi opinión, el rock conlleva, entre otras cosas, este tipo de actitud. Quien va a un concierto de Amy Winehouse sabe a lo que se expone. Igual que el que va a un concierto de Ozzy Osbourne, de Pete Doherty, de los Rolling Stones en su época dura, o del 99% de los artistas de rock. Imaginen a alguien reclamando un concierto de Johnny Cash por ir puesto hasta arriba de anfetas o de alcohol. El rock nació como una transgresión, y siempre incomodará al orden establecido. Lo lleva en la sangre y no puede cambiarse.

Otra cosa muy distinta es el fenómeno que convierte de la noche a la mañana a politoxicómanos o politoxicómanas en artistas, y que atraen a miles de niñatos por su imagen de chico o chica dura, muy drogado o drogada, sin importar la música o el valor artístico de lo que hacen. Eso es lo triste, pero en esto están compinchados los artistas, las discográficas y las grandes compañías. Cuando, bajo el sello de "rock" se vende una pose que nada tiene que ver con el arte, sino con la caradura.

La hipocresía también está en invertir millones de euros en un evento mastodóntico para que la gente tenga un guetto donde ponerse hasta el culo, y después criminalizar a los jóvenes por una actitud transgresora. Las mismas multinacionales que invierten en el Rock in Rio como maniobra de marketing, son las que exprimen el cerebro del consumidor vendiendo lo alternativo, lo underground y lo transgresor como la última y mejor tendencia, a 69 euros la entrada.

Es el primero que se hace en Madrid, y ni siquiera se sabe el cartel definitivo. Me parece una vergüenza el intentar vender un festival tan histórico y prestigioso como éste, como si fuese el Forum de las culturas o el Live Aid. ¿Qué coño pinta un tipo como Carlinhos Brown en un festival donde tocaba Scorpions, Iron Maiden o Queen? Y más aún, la burda maniobra especulativa que rodea al festival y a su localización: la pequeña localidad de Arganda del Rey, donde se ha construido una ciudad de la música en un secarral, y donde habrá entre otras cosas dos pistas de nieve artificial y toda una infraestructura que después del festival se convertirá con toda probabilidad en un terreno fértil para la especulación urbanística. Es decir, un atentado al medioambiente, a la inteligencia de la gente y al propio glorioso pasado del Rock in Rio. Que se vaya a tomar por culo el puto Rock in Rio.

jueves, mayo 29, 2008

Un tipo peculiar

Con ustedes Steve Jobs, un tipo que ha cambiado el mundo. Ya lo publiqué al principio de este blog, pero como éste está tocando a su fin, creo que es una buena forma de ir cerrando el círculo.




Parte II:

jueves, mayo 15, 2008

Objetos de culto VI


La cinta o cassette fue durante mucho tiempo el acceso a la música más barato y manejable para millones de personas. Hoy en día una cinta de audio es tan obsoleta como un tricornio o unos calcetines blancos con dibujitos de raquetas, pero durante años y años fue el elemento más utilizado en los ratos libres de varias generaciones.

Ahora resultaría impensable que un chaval tuviera los mínimos requisitos para utilizar un cassette con garantías de éxito. A lo mejor lo metía en el microondas o en la tostadora, pero en ningún momento sospecharía que en el siglo pasado se utilizaba para escuchar música. Y lo que era más importante que escuchar: ¡grabar música! La mayoría de las cintas que escuchábamos antes de los MP3 eran piratas, no nos engañemos. Además las vendían en Rastro, con sus carátulas fotocopiadas en blanco y negro, como si tal cosa. Piratas, pero decentes, oiga. La banda sonora de los Cazafantasmas, el Forever Young de Alphaville, y tantos y tantos discos pirateados en cinta, fueron los primeros recuerdos musicales que tengo como propios. Bastante significativos en sí mismos, supongo.

A la SGAE esto todavía le daba igual. No le importaba que hubiera millones de cintas piratas circulando por ahi y robándoles el dinero. De haberlo sabido, hoy serían más poderosos que el emporio Hilton o la familia Ruiz Mateos...

El caso es que las cintas de cassette servían para todo, pero eran un coñazo. Aunque en ese momento parecían pura tecnología punta, grabar discos en una cinta era una tarea laboriosa y concienzuda. Requería una técnica depurada, que para muchos fue el primer contacto con la manipulación de tecnología. Por ejemplo, quedaban espacios en blanco al final de las caras, ya que no coincidían con la duración de las originales. Muchas veces había que calcular la duración del original y ver si cabía en una cinta de 46, 60 o 90 minutos. O de 120. Para ahorrar tiempo, espacio y dinero (entonces una cinta te podía costar entre 100 y 200 pelas), normalmente yo grababa dos originales en una de 90, un disco por cada cara. De forma que podía tener en la misma cinta un recopilatorio de The Police y un disco de Guru Josh (verídico), mezclado a lo bruto.

Luego también era un coñazo el hecho de tener que rebobinar las cintas. Y de escuchar temas que eran un truño, sin poder saltártelos. Para rebobinar las cintas al método "de la calle" se recurría al boli Bic, que encajaba totalmente con las ranuras, y se hacía cagando leches sin gastar las pilas del walkman. Dios... qué de cosas ingeniosas se hacían antes para ahorrar pasta y estirar la paga semanal. Y cuánto ha cambiado esto con el puto iPod.

Como decían unos amigos el otro día, el iPod ha matado la música. No sé si es cierto, pero sí es verdad que antes disfrutaba del ritual de grabar cintas. No digamos del hecho de grabar cintas de música ad hoc para el amigo o amiga de turno. "Música para Fulanito" o "Música para Menganita", era una gran manera de obsequiar a alguien con una recopilación de música especial para esa persona. Ahora también se puede hacer en un CD, sí, pero no sé. El cassette tenía un encanto especial. Como esas cosas tan antiguas de los años 80, ya tan lejanos.

jueves, mayo 08, 2008

La política disfrazada de periodista


Hoy voy a hablar de periodismo puro y duro, así que este post será un poco coñazo.

Hoy me ha sorprendido la noticia del nombramiento de Mónica Terribas, presentadora del programa de TV3 "De la nit al día", como directora general de esta cadena de televisión autonómica. Los que no conozcan este programa, hay que decir que De la nit al día es un programa de entrevistas personales y de actualidad. Un formato tan trillado como amplio de posibilidades y lanzadera de grandes periodistas. De hecho, los grandes periodistas de la televisión han pasado en algún momento por un programa de entrevistas (Mercedes Milá, Jesús Hermida, José Luis Balbín, Pedro Erquicia, etc.) El problema es considerar que cualquier entrevistador es un buen periodista, y el de Mónica Terribas es un claro ejemplo.

A un buen entrevistador se le presuponen una serie de cualidades especiales, dentro de lo que es un periodista televisivo: audaz, incisivo, rápido, inteligente, y con amplios conocimientos tanto del entrevistado como de la actualidad a la que se está refiriendo. Estos conceptos los cumple en buena medida Terribas. No es una cualquiera. Pero hay algo importantísimo que falta en esta lista: la imparcialidad, el respeto exquisito al entrevistado, y la discreción del entrevistador. Mónica Terribas, actual directora de TV3, adolece de estas tres fundamentales características. Pero no es un error de ella sóla. Gran parte de la profesión infecta la esencia fundamental y la razón de ser del periodismo. Y así se nos considera, con razón. Un entrevistador nunca puede tener el afán de protagonismo que tiene Terribas. Debe pasar desapercibido. El entrevistador no es la noticia, sino el entrevistado.

Ante un entrevistado difícil o polémico, el recurso fácil del entrevistador es cebarse con él. Es famoso un vídeo colgado en YouTube en el que Mariano Rajoy da sopas con hondas a Mónica Terribas durante una entrevista en su programa. Muy farruca ella, lo quería dejar contra las cuerdas desde el primer momento, pero fue "el señor Rajoy" quien al final noqueó a la entrevistadora, y eso que la oratoria no es precisamente el fuerte de Rajoy. Se creía que por jugar en casa, Terribas iba a tenerlo fácil para golear a un personaje de los que consiguen audiencia; un entrevistado-sparring. Alguien fácil de levantar ampollas o pasiones entre la audiencia, y llevárselo a su terreno para que el espectador premie o castigue al entrevistado que acude al patíbulo público. Pues bien, lección aprendida: el entrevistador, por mucho que odie o vilipendie a su entrevistado, no puede hacerle la cama, pensando que lo va a linchar públicamente, y salir victorioso del combate. La entrevista no es un juicio ni un homenaje. Y tal es lo que parece con Terribas.

Aparte de esto, otras menciones especiales a las formas periodísticas que me evoca Terribas son, por ejemplo, la destacada politización de sus mensajes, la parcialidad con la que enfoca los temas, y la velada opinión personal que esconden sus análisis de la actualidad. Todo ello siempre desde un punto de vista profesional y audaz. Muy a la americana. No creo que el ego de Mónica Terribas quepa en la misma habitación que el de otros grandes showmans como Iñaki Gabilondo, Luis del Olmo o Matías Prats.

Si Mónica Terribas hubiera sido nombrada directora de informativos de TV3 no me escandalizaría. Pero sí me escandaliza que sea nombrada la directora de una cadena de televisión pública que representa a más de 7 millones de catalanes. Y que lo haga una supuesta adalid del periodismo serio, ya es para mearse de risa. Y es que cuando un periodista pasa a ser espectáculo en sí mismo, deja de ser periodista para pasar a ser un líder de opinión. Es decir, un político.

jueves, abril 17, 2008

Chema ha muerto


Muchos niños quisieron ser panaderos cuando descubrieron que el mejor amigo de Espinete se dedicaba a este noble oficio. Y los niños de la generación X pasamos las tardes al volver del colegio viendo por la tele las aventuras de Barrio Sésamo, donde entre otros también estaba este buen chico llamado Chema, el panadero.

Pues Chema ha muerto, lamentablemente. Y lo más curioso de todo, cuando me lo ha contado un compañero del trabajo, es que su viuda es también un personaje conocido para nuestra generación. Ni más ni menos que la actriz que encarnaba al personaje de... ¡Espinete!

La paradoja es ésta, y las oportunidades para el humor negro nacional no han hecho más que ponerse en bandeja con este luctuoso hecho. Una vez más, la realidad supera a la ficción, y cualquier rocambolesca coincidencia se queda pequeña al lado de las singularidades del destino. Quién nos iba a haber dicho a nosotros, tiernas criaturillas, que 25 años después de que Chema el panadero y Espinete nos hicieran reir por la tele, que ese rubiales tan gracioso iba a estar fiambre y dejando de viuda a la actriz que se escondía debajo de ese asfixiante disfraz de erizo color rosa, que no me explicaba cómo podía aguantarlo. Desde aquí, una condolencia por el actor Juan Ramón Sánchez Guinot, Chema; y por su viuda, Consuelo Vivares.

Este caso es como el de muchos otros personajes de la tele que de pequeños eran una cosa en nuestro subconsciente infantil colectivo, y luego han devenido en otra muy distinta. Son paradojas del destino a las que no escapamos ninguno. No podemos asegurar que un día nos terminemos encontrando con esa persona que había vivido toda la vida al lado de nuestra casa y nunca lo supimos; o trabajar en un sitio al que de pequeño considerabas poco más que un mito; o codearte de mesa y mantel con alguien al que considerases inalcanzable. Hay tantos caminos en la vida y en la muerte, que no sabemos adónde conducen y sobre todo por dónde y por quién conducen.

Pero la probabilidad también ayuda y, en el fondo, con la teoría de los seis grados de separación ninguno estamos a salvo de terminar casándonos con Paris Hilton, o de morir atropellados por ella.

jueves, abril 10, 2008

El oro suizo


Los trenes suizos son largos, larguísimos. Entran en las estaciones (limpias, limpísimas) casi sin levantar ruido ni humo. Son silenciosos, están engrasados, funcionan a la perfección. Parecen trenes de maqueta. Y como son tan largos, sólo ves diez, doce personas a lo sumo en cada vagón. Hay un tren de diez vagones para un trayecto de 300 km escasos, y unas cuantas decenas de personas en ellos se reparten las butacas a placer. Imaginen ahora esta escena del tren en India, Kenia o cualquier otro país por debajo de la línea del bienestar. Este es sólo un ejemplo de un país peculiar al que mucha gente no puede ni ver, y al que otra gente considera un país modelo. Suiza es, cuanto menos, insólito.

Por muchas razones. En primer lugar, aparentemente es el país perfecto. Todo ello es verde, limpio. Por supuesto, supura riqueza. Es un pequeño país construido a base de bancos y relojes. Desde 1815, en el Tratado de Viena, Suiza se mantiene "independiente y neutral". Supongo que gran parte de esa neutralidad fue pactada entre las grandes potencias germano-austríaco-francesas de la época, para disponer de un territorio beneficioso para todos y para ninguno. Es decir, un lugar intermedio que separar geopolíticamente a las potencias que sobrevivieron a Napoleón. Después de dos guerras mundiales y de servir de gran banco donde lavar el oro nazi, Suiza mantiene una neutralidad política que para muchos también es moral. Es decir, Suiza es como si no pintase nada, como un cero a la izquierda, aunque cuando abre la boca últimamente es para soltar discursos racistas. Se diría que Suiza es todo en sí un país-maqueta, lleno de trenecitos limpios, montañas, bosques y casitas de Heidi.

Lo cierto es que Suiza ha sido un país ejemplar durante muchos años al ser un país-refugio para miles de víctimas de conflictos. En Suiza se creó la Cruz Roja, no lo olvidemos. Y hoy por hoy es la sede europea de Naciones Unidas y de un montón de organismos internacionales. Que últimamente se haya endurecido su política no es más que una tendencia conservadora-reaccionaria en gran parte de centroeuropa.

Pero aparte de esto, los suizos si algo tienen, es mezcla de culturas. De la frialdad germánica a la politesse gabacha o la calidez italiana, junto con la multitud étnica de todos los países que han buscado el estado de bienestar y la protección. Conocí el caso de un indio que vivía en Suiza porque en su país había atropellado accidentalmente a una vaca, y le perseguían para darle matarife. Y los suizos, tan educados (a veces enfermizamente educados) conviven con todos. Siempre que, claro está, paguen sus enormes impuestos.

Suiza no sigue del todo el modelo multicultural de Alemania, Reino Unido o Francia, que son sociedades con sus grupos étnicos bien diferenciados. Los suizos, por su propia naturaleza heterogénea, conviven y se mezclan con otras nacionalidades, en vez de tenerlos aislados en barrios chinos, italianos o latinos. Todos están con todos. Este modelo intercultural debería ser un modelo para otros países.

Y otra cosa que me gusta de los suizos, sí señor, es su veneración por la naturaleza. Esos trenes de los que hablaba se llenan los fines de semana de familias, jóvenes y viejecitos que, cachava en mano, se suben a las montañas a esquiar o a caminar por los extraordinarios Alpes.

En un país de maqueta como éste, está claro que al levantar el decorado te encuentras con suciedad. Baste decir que la calle más cara del mundo, la Banhoffstrasse de Zurich, es la sede de todos los bancos suizos, y el lugar del mundo con más cámaras llenas de lingotes de oro. Pues bien, esa calle era hace tres siglos un río de mierda, una cloaca que recogía las aguas sucias de todo Zurich. Convirtieron la mierda en oro. Y eso lo hicieron antes de Freud. Que el oro era nazi, que eran aliados de Hitler, que los lingotes llevan todavía la svástica grabada... pues sí. Pero eso forma parte de las contradicciones y miserias que rodean la historia de Europa. Pocos países son más europeos que los suizos, y sin embargo no quieren ser europeos. O no les dejan. En el fondo, con su "neutralidad" y su sociedad-pantomima donde todo el mundo es feliz, Suiza está pagando las miserias de todos los europeos, como cuando en 1991 se miraron todos el ombligo mientras bombardeaban un país de mierda a 500 km. Por ejemplo.

Suiza es una sociedad esterilizada, higiénica, fría y pocas veces expresiva, que esconde el típico carácter duro de centroeuropa. Donde no existen las tapas, los bares, la gente habla en voz bajita en los tranvías y es individualista. Son raros, comparados con nosotros, pero lo cierto es que funcionan. Todo el mundo los critica, pero qué coño, ya quisiera yo tener los trenes que tiene esa gente para ir a montar en bici a los Alpes.